La sociedad en la que vivimos nos ha vendido una idea de felicidad, la verdadera alegría está en el amor, la gratitud y las experiencias cotidianas. Claro que es necesario tener un trabajo e ingresos suficientes para dar estabilidad a la familia, pero eso no significa sacrificar toda la salud y la energía para tener “estatus” social ni para presumir ante los demás.

La riqueza no es felicidad, la gente que posee cosas no es capaz de disfrutar todo aquello que no se puede comprar. ¿De qué sirve ser rico en bienes materiales y pobre de espíritu? De nada, porque al final todos partiremos y a donde vamos de nada servirá el dinero. Enfócate en lo que de verdad importa. ¿Quieres saber más? Haz clic abajo donde dice “Quiero Seguir Viendo”.