Cuando uno perdona, no le hace un favor a la persona que nos lastimó, sino que es un acto de amor con uno mismo, es un favor a nuestra propia vida

Todos hemos pasado por las espinas del desamor, la traición, la mentira, la crítica, el rechazo, la burla, la injusticia, y tantas más.

Todos tenemos esa famosa herida en el orgullo o el corazón, y en algunos ha quedado sólo una cicatriz, pero en otros sólo fue el comienzo de un camino lleno de tristeza, rencor, odio, e inclusive de venganza.

Es necesario entender que cuando se niega el perdón, se daña y lastima más uno mismo, que al otro. Quién paga las consecuencias es nuestro corazón, porque quién convive todos los días con ese rencor, somos nosotros mismos.

Pero ¡ojo!: perdonar no significa dar la razón, ni negar la responsabilidad, ni justificar, o minimizar la acción de la persona que nos lastimó. Perdonar es entender que el acto del cual proviene la herida, la situación dónde se generó el daño, es producto de la ausencia de amor en el corazón de la otra persona. Muchas veces, quienes lastiman, no son necesariamente personas malas, sino que lastiman con los bordes rotos de su propio corazón.

Por eso, para iniciar el proceso de perdón, es necesario comprender y separar actos malos, de personas malas. Alguien que pudo tener una actitud mala, no significa que sea mala persona.

Aclarado esto, sigue leyendo porque a lo largo de este artículo, podrás descubrir exactamente por qué es tan importante perdonar, y dónde reside su poder para transformar tu vida.