Después de conocer esta historia sabrás que no existen limites para tu éxito. Te aseguramos que no importa de donde vengas si no a donde vas. Es admirable un ejemplo de superación.

Hoy te traemos la historia de la pintora mas cotizada del mundo que creció en la calle. Inspirador relato que te hará creer en tu capacidad para triunfar. Así que presta atención no puedes dejar de verlo.

Creció En La Calle Y Ahora Podría Ser La Pintora Española Más Cotizada Del Mundo.

En la vida no importa de donde provengas si tienes las ganas y la voluntad de salir adelante, serás imparable. El destino tiene lo mejor para ti solo tu debes construir el camino.

Por eso te traemos esta fabulosa historia de esta pintora española que se convirtió en la mas cotizada del mundo. Digno de admirar y un ejemplo a seguir.

Tiene 55 años, es la pintora nacional viva más cotizada de la actualidad y ha expuesto en lugares como Holanda, Hong Kong, Nueva York y Londres.

Tanto ella como su arte son muy españoles. Y, sin embargo, en su país sigue siendo una gran desconocida.

Cabellut nació en Barcelona en 1961, hija de una prostitut@ gitana que la abandonó cuando sólo tenía 3 meses.

Bajo la tutela de su abuela, pasó los días en la calle y no fue a la escuela. Sin embargo, aquel fue el principio de su carrera artística.

A pesar de que ella no lo sabía, esas experiencias estaban forjando lo que años después sería su arte.

“Aprendí a vivir con un palo, sin comida y descalza. Enfoco mi niñez como una escuela de la vida.

Yo no fui al colegio pero aprendí muchas cosas que son esenciales para vivir”, explica desde Holanda, al otro lado del teléfono.

Deambulando por las calles del Barrio Chino, ahora conocido como El Raval, entendió 2 cosas esenciales: no había tiempo para derrumbarse y era necesario tomar riesgos.

Años después, uno de ellos sería el de apostar por una carrera de pintora en el extranjero.

Francisco de Goya y Camarón de la Isla también fueron su inspiración. De hecho, artísticamente se comunica de la misma forma que ellos.

Dotaban lo sórdido de belleza, hablaban de temas tabú e iluminaban lo más oscuro. Y según Cabellut, “esto se parece demasiado a lo qué he vivido”. “No se trata de opinar, sino de sentir”.

La calle le dio “esa super visión” a través de la cual mira el mundo y lo retrata. Para ella, el hilo rojo de su obra y su vida son “los personajes del underground , los marginados “.

Los protagonistas de muchas de sus pinturas para los que siempre tendrá un lugar en su obra.

Cuando la gente los ve por la calle, suelen apartar la vista. Pero Cabellut los cuelga en la pared de alguna exposición para que los contemplen.

Para que los quieran. “Son mis compañeros abandonados a los que siempre voy recordar . Yo también soy parte de aquello y los necesito”.

En sus palabras podría percibirse cierto trasfondo de responsabilidad. Quizá porque la vida le brindó una segunda oportunidad.

Cuando su abuela murió, los días en la calle llegaron a su fin. Tenía 10 años y fue al orfanato en el que viviría hasta cumplir los 13 .

Fue entonces cuando una familia catalana la adoptó y le ofreció las oportunidades que la convertirían en la artista que es hoy.

Solo necesitó una visita al Museo del Prado para saber que quería pintar. Aquello significó un antes y un después en su vida.

“Es difícil de describir, pero fue como entrar en otro planeta. Vi que la pintura era un medio por el que podía comunicarme y así es cómo hablo ahora”.

Tras su larga trayectoria, también es capaz de ver sufrimiento dónde aparentemente no lo hay.

Incluso, lo ha palpado en mujeres que han tenido una vida de éxitos, como la pintora y poetisa Frida Kahlo y la diseñadora Coco Chanel. Eran fuertes y triunfadoras, pero ella palpó su tristeza.

“La tristeza es una forma de saber, un acto de inteligencia porque quiere decir que estás analizando. Estás en desacuerdo con el mundo y te da pena saber que hay posibilidades que no se pueden dar o que hay cosas que nunca se podrán solucionar”, dice.

Durante los años siguientes a aquella visita al Museo del Prado, recibió las clases particulares que le enseñarían a comunicarse con el pincel.

Pasado el tiempo, cuando ya había cumplido los 19, sentía que España se le quedaba pequeña . Era el momento de irse.

Cogió un billete rumbo a Holanda y allí entró en la escuela de arte y diseño Gerrit Rietveld de Amsterdam.

El lugar en el que empezaría a plasmar sobre el lienzo las experiencias de su vida.

Barcelona había sido el escenario de su niñez y de sus primeros pasos como artista. Holanda el lugar en el que materializaría los pensamientos de aquella niña.

Con aquel viaje podría delimitar las dos partes de su vida: la primera fue la que le tocó y la segunda la que elegiría.

De esta forma, pintaría el recuerdo de aquellos años con perspectiva. Lejos de casa.

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